Acabo de leer un artículo en Xataka que se titula “2016 ha sido el año en el que el tablet puro pasó a ser irrelevante”. Es un titular bastante ambicioso, sobretodo por lo de “irrelevante”. Y digo esto porque hace unos días me pasaba por la FNAC y la imagen que veía era esta:


Una colección de extraños “engendros” que poco tienen que ver con la imagen del portátil tradicional. Y con esto parece que le esté dando la razón a Xataka porque es cierto que en la foto no se ve lo que ellos llaman una “tablet pura”, pero no es así.

¿Qué es una “tablet pura”?

Para ello parece que tengamos que volvernos a los orígenes del iPad, cuando Steve Jobs se sacó de la manga ese iPhone grande que pasó a llamarse iPad. Un dispositivo cuyo principal dispositivo de entrada era la pantalla táctil. Parecía querer beber de la misma filosofía que el iPhone, que se centró precisamente en reducir a la mínima expresión los botones físicos y concentrarse en una interfaz multitáctil con la que el usuario interactuaba con sus dedos.


Es una manera de aproximarse muy de Apple, sobretodo por ser tan radical. No olvidemos que en ese momento lo que estaba de moda eran los “netbooks”, esos pequeños portátiles de bajo coste que estaban viviendo su edad dorada hasta que apareció esto y los borró literalmente del mapa.

¿Qué consecuencias ha tenido la irrupción de las tablet?

Pues desde luego muchas. La primera de ellas es la de que ha cambiado lo que de un portátil esperamos. El hecho de que apareciesen las tablets impulsó el típico argumento de venta “dos por uno” es decir, para que comprar una portátil y una tablet cuando por menos dinero puedo tener las dos cosas. Y esto transformó notablemente la industria de los portátiles. Para empezar las pantallas tenían que ser táctiles y tenían que ser abatibles en varias direcciones. La mayor parte de fabricantes lo que hicieron fue desempolvar su carpeta de las conocidas como Tablet PC e intentar actualizarla. Se encontraron sin embargo con un sistema operativo, Windows 7 por aquel entonces, que era incapaz de manejar una interfaz táctil al mismo nivel que lo podía hacer iOS. Steve Ballmer hizo todo lo posible con Windows 8 e incluso llegó a quitar el botón de inicio, y todo esto le costó el puesto por cierto. Otros intentaron sacar sus propios iPads, con Samsung en la avanzadilla como siempre. Confiaron demasiado en Android, un sistema operativo que nunca llegó a adaptarse suficientemente bien a las tablets y en el que nunca hubo un catálogo de aplicaciones lo bastante interesantes. La realidad es que en el mundo Android las tablets sí que podría decirse con claridad que han sido irrelevantes.

¿Y qué es lo que nos ha quedado finalmente?

Un ecosistema de tablets bien consolidado de la mano de Apple y un deslabazado mundo de portátiles con deseos de ser tablets y de tablets con deseos de ser portátiles que no llegan a satisfacer a nadie. La única apuesta clara ha sido la de Microsoft con Surface, que siempre ha tenido claro que la tablet no era más que un factor de forma y que Surface podía perfectamente cubrir ese hueco. Un precio caro ha tenido que pagar por esto, con muchos intentos fallidos que lograron desmotivar al usuario de Windows sobre las posibilidades de tener una tablet que corriese ese sistema operativo. En el mundo de la educación se ha demostrado que las tablets se han hecho su hueco como herramienta para modernizar la enseñanza en el aula.

¿Cuál es el futuro inmediato?

Yo creo que no tiene sentido hablar de tablets “puras” y tablets “no puras”. Simplemente es un concepto que ha evolucionado. Estaba claro que confiar exclusivamente en un teclado táctil como método para teclear era arriesgado, pero eso nos ha permitido disfrutar de interfaces táctiles que dudo mucho tendríamos si desde un principio nos hubiésemos centrado en la idea del teclado y el puntero. Y la idea de la tablet ha calado en todos, la prueba de ello es que el principal argumento de los portátiles de consumo hoy día es que también te pueden servir de tablet. En otro post ya lo decía, y es que la evolución de las tablets va a dejar sin sentido el concepto de ultra portátil. Ahora ya sí que es posible hacer un porcentaje muy alto de funciones que antes hacíamos con un ordenador, pero lo mejor de todo es que es algo que podemos llevar siempre con nosotros sin que prácticamente nos pese. Yo ahora le exijo más a un portátil, no le pido fundamentalmente que sea ligero y que la batería dure mucho. Eso ya lo tengo con una tablet. Ahora le pido además que sea muy potente y que la pantalla sea de mayor calidad. El hueco está más claro en mi caso. En ese sentido no me interesa ahorrar 200 gramos de peso en un portátil para que sea fino y ligero cuando ya tengo un dispositivo que me cubre una parte importante de la movilidad. Me interesa que el portátil sea algo más.

El tamaño de las pantallas es a fin de cuentas lo que nos va a determinar los diferentes usos y eso nos va a determinar los solapes que provoquen la desaparición de algunos segmentos. Una tablet pequeña no tiene sentido cuando ya se ha asumido el smartphone grande (los llamados phablets), pero al mismo tiempo no tiene sentido un portátil pequeño cuando ya tenemos una tablet grande. Finalmente la combinación perfecta queda en un smartphone con una diagonal de unas 5 pulgadas aproximadamente, una tablet de unas 10 pulgadas y un portátil de 13 pulgadas. La tablet con teclado. Al lápiz le estoy empezando a encontrar utilidad por cierto. Y en un portátil tamaños de pantalla mayores creo que son prácticos para usos más específicos.

¿Y qué hay de los ordenadores de sobremesa?

Pues esos sí que son la especie en peligro de extinción salvo, de nuevo, usos muy específicos o entornos muy corporativos. Un portátil conectado a una pantalla y con un teclado y ratón externo cubre las mismas funciones que un fijo y te aporta la movilidad, reduciendo considerablemente los gastos de tener que mantener dos equipos al mismo tiempo.

Bueno Xataka, que las tablets sólo táctiles (o puras como poníais en el artículo) es cierto que están en declive, pero la tablet ha generado un importante revuelo en esta industria y todavía le quedan muchos años de existencia siempre y cuando se amplíen las opciones de entrada a este tipo de dispositivos.