Ayer estuvo dando una conferencia en la Universidad Politécnica de Valencia Richard Stallman, fundador del movimiento del software libre. El Paraninfo de la universidad, que tiene capacidad para más de 300 personas, lleno. He de reconocer que tenía un concepto algo difuso del software libre: código abierto, gratuito, comunidad de programadores… Y todo esto se junta a la típica batalla del mundo de la informática entre “partidarios” de Windows, de Mac OSX o de Linux. Pero bueno, a fin de cuentas todo cuestiones muy técnicas. ¿Es mejor uno que otro? ¿Dónde hay menos virus? ¿Dónde tengo más software?

No sé muy bien qué esperaba de la conferencia, pero igual era algo más orientado a una cuestión informática. Sin embargo su intervención se centró en libertades y democracia y el papel que tiene el desarrollo del software en garantizar esto. Qué raro, ¿no? La tecnología no es más que un commoditie al que nos hemos acostumbrado y que nos hace la vida más fácil.

Parte de la intervención de Stallman se centró en la relación entre el usuario y el programa. ¿Quién controla a quién? ¿El programa al usuario o el usuario al programa? Intuitivamente podemos pensar que el usuario es el que le dice al programa lo que tiene que hacer. Es cierto, yo soy el que pulsa el icono de la app de Facebook en mi iPhone para poner un post. Pero al pulsar ese icono estoy diciéndole a Facebook cosas como donde estoy, cuánto tiempo veo cada post o cuál es el nivel de batería del teléfono. ¿Quién controla a quién?

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El concepto de “programa privativo” va mucho más allá de que pueda o no pueda leer el código fuente. Está relacionado con no poder saber qué hace el programa además de lo que aparentemente hace. Y en este tema fue muy tajante: el software privativo es una injusticia, porque somete al usuario. Es una herramienta de poder. Calificó el desarrollo de software privativo como un “trabajo no ético”. Estuvo curioso cuando en la ronda de preguntas un estudiante le dijo que no veía de qué manera podía ganarse la vida desarrollando software libre si cualquier persona podía leer el código fuente y copiar lo que había hecho. Richard le respondió con toda tranquilidad: “no te preocupes, puedes ganarte la vida de muchas maneras éticas. Puedes ser camarero o conductor de autobus. Hacer software privativo no es una opción”.

Los programas privativos tienen muchas funcionalidades malévolas, y entre ellas citó las siguientes:

  • Puertas traseras: Una puerta trasera da la opción al programador del software de hacer lo que quiera con el ordenador del usuario (o el teléfono). Ya se descubrió en Windows XP y ahora con Windows 10 dice Stallman que se ha oficializado llamándolo “autoactualización”. Dijo que lo tiene el Kindle de Amazon y la mayoría de teléfonos móviles
  • Espiar a los usuarios: Saber todo lo que hace el usuario al más puro estilo orweliano, tratando de recopilar la mayor parte de datos de los usuarios. Como ejemplos citó de nuevo al Kindle, al que llamó Amazon Swindle Snooping, Windows, Mac OSX, los teléfonos, Adobe Flash, y la mayoría de servicios de streaming como Spotify o Netflix. Todos intentan recabar datos de los usuarios para una mejor experiencia del usuario. De hecho lo consiguen, pero ¿qué precio pagamos por esa mejor experiencia?
  • Desconectar determinadas funcionalidades sin permiso del usuario: lo pueden hacer remotamente. Puso el ejemplo de la PS3 que obligó a los usuarios a quitar una funcionalidad que les permitía tener Linux instalado en la PS3.
  • Borrar aplicaciones de manera remota: imagina que tienes una app instalada en tu iPhone. Si Apple decide quitarla del catálogo simplemente desaparecerá de tu teléfono.
  • Censura: el fabricante decide qué tipo de aplicaciones están disponibles en la máquina. Esto pasa con Apple y también con Microsoft

Y otra cosa que pongo fuera de la lista es que comentó una cosa curiosa, y es cuando la máquina aparenta que se apaga. Es decir, cuando tú apagas el teléfono no tienes un interruptor que simplemente lo desconecte. Realmente tú le pides al teléfono que se apague a través de una “aplicación”, y es ese software el que apaga el teléfono. Tienes que confiar que realmente se ha apagado. Al no poder ver el código fuente del sistema operativo nunca sabrás si se ha apagado del todo o quedan algunos servicios activos.

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Y así otras muchas cosas, poniendo en peligro la privacidad del usuario y, en definitiva, su libertad. ¿Es para preocuparse o nos estamos volviendo paranóicos?