Los lectores más antiguos del blog recordarán que hubo una época en la que Windows era un programa que corría encima de MS-DOS. Para que funcionase había que escribir c:>Windows, y esto hacía que se cargase un sistema de ventanas al estilo de un Mac. Incluso podías incluirlo en el famoso autoexec.bat (un fichero de texto donde podías ponerle algunos comandos que se ejecutaban al arrancar el ordenador) para que nada más encenderlo se cargase Windows y tuvieses la sensación de tener un ordenador que se manejaba con un sistema de ventanas. Sin embargo, hasta la llegada de Windows 95, todo eso era una falacia. Cuando algo iba mal Windows se cerraba y te aparecía una pantalla en negro que ponía C:> con un cursor parpadeante que esperaba a que introdujeses algún comando.
¿Y qué tiene que ver esto con la flamante interfaz Metro que se utiliza en Windows 8? En principio poca cosa, ya que entre ambos temas hay casi 30 años de diferencia, y en informática eso es prácticamente hablar de la prehistoria. Pero si rascamos un poco veremos que sí tienen algo en común. Me di cuenta tras probar un tablet de Microsoft, los famosos Surface que tan poco éxito han tenido y a raíz de una interesante conversación con +Tech Bites . La idea que tiene uno en la cabeza de un tablet es la de un iPad o un Nexus 7, por ejemplo. Son máquinas que las encienden y tienen un sistema operativo propio (iOS en el caso del iPad y Android en el caso del Nexus) y que han nacido directamente para manejarse como dispositivos táctiles. Cuando enciendes un Surface te encuentras con la interfaz Metro, con todos sus rectángulos y cuadrados tal y como podéis ver en esta imagen:
Una intefaz muy agradable y bien diseñada. Cada caja puede representar una aplicación pero, al mismo tiempo, puede mostrar información de la propia aplicación. Esto es un avance respecto a los sistemas más conocidos, donde el icono de la aplicación no es más que una manera de lanzar la aplicación en cuestión. De hecho Microsoft ha hecho un trabajo muy innovador con esta interfaz, a diferencia de Android que, especialmente en sus inicios, tenía unas similitudes excesivas con iOS.
Hasta aquí todo bien, pero llega un momento en el que descubres que tu tablet no es más que un PC maquillado de tablet. Algunas aplicaciones no están diseñadas para la interfaz metro y te encuentras con que se ejecutan como si de una aplicación normal de windows se tratase. De pronto te aparece el escritorio de Windows, con su barra de herramientas y la aplicación ejecutándose en una ventana. Esto puede parecer una ventaja (Mi tablet es un PC también) pero no os podéis ni imaginar lo difícil que es acertar en uno de los checkbox del panel de control de Windows utilizando casi que la uña (con la yema del dedo puedes pulsar cualquier otra cosa). Y esto demuestra que Microsoft se encuentra de nuevo en el mismo dilema que hace 30 años, intentando adaptarse a la nueva tendencia del mercado marcada por los tablets, pero queriendo aprovechar lo que ya tienen (Windows 8). La diferencia es que ahora la competencia es feroz, y eso puede acabar pasándoles factura. Me temo que Microsoft se niega a reconocer que los Tablets son una categoría de producto totalmente distinta, y esto es un error de estrategia importante.